Úlceras por presión en el adulto mayor

Las úlceras por presión (UPP) constituyen la complicación más prevenible y tratable que puede presentar cualquier paciente con movilidad reducida y  son causadas por la falta de irrigación de la sangre en zonas del cuerpo donde se ejerce más presión, generalmente donde la piel está más cercana al hueso como  tobillos, talones y caderas. Por ésta razón los Adultos Mayores tienen mayor riesgo debido a que su piel se adelgaza y regenera con más lentitud y adicionalmente por la existencia de  factores externos que los hacen más propensos, como la humedad (resultado de la incontinencia urinaria o fecal), aparición de pliegues en la ropa o sábanas, estancia prolongada en cama o sillones, bajo nivel de percepción de las lesiones por problemas cognitivos, alteraciones de la circulación, mala higiene, desnutrición, deshidratación, delgadez y obesidad. En consecuencia, si no se toman las medidas adecuadas, las lesiones pueden llegar a afectar además de la piel, los tejidos situados bajo ésta, como músculo y hueso.

 

Las fases de aparición de las UPP, se describen así :

Primera fase: Aparece un enrojecimiento en la zona que sufre presión continuada.

Segunda fase: Aparecen ampollas cerradas o abiertas, o úlceras abiertas poco profundas (“en carne viva”).

Tercera fase:  Ha desaparecido la piel, el tejido graso aparece visible, aunque no el tejido muscular, huesos o tendones.

Cuarta fase: La ulceración llega hasta el músculo, hueso, articulaciones e incluso algunas cavidades orgánicas que aparecen visibles.

 

La prevención de las UPP se concentra en el cuidado de la piel por parte del personal a cargo del Adulto mayor, teniendo en cuenta las siguientes recomendaciones :

· Inspeccionar toda la piel del cuerpo al menos una vez al día

· Limpiar la piel con agua tibia y jabón neutro

· Hidratar permanente con cremas suaves

· Si hay incontinencia, usar pañales desechables y cambiarlos con frecuencia

· Fomentar la circulación de la sangre en la piel masajeando suavemente después del baño

· Evitar los masajes sobre las prominencias óseas

· Evitar las arrugas en la ropa de cama.

· Utilizar técnicas adecuadas de posición y movilización, evitando fricciones y rozamientos

· Cambio de posición cada 2 horas

· Uso de dispositivos de apoyo que disminuyan presión sobre la piel como colchones y cojines antiescaras (de espuma, aire, agua,  gel o silicona).

 

Finalmente, ante la aparición de enrojecimientos en la piel en las zonas de presión o propiamente las lesiones, el tratamiento debe enfocarse en una valoración por personal médico y de enfermería para establecer el plan de manejo correspondiente el cual debe seguirse estrictamente, determinando si se puede realizar a nivel domiciliario o exige la necesidad de la atención hospitalaria. De igual manera debe garantizarse el adecuado manejo nutricional a través de valoración por el profesional de ésta área.

 

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Marzo 2018

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