Obesidad infantil: ¿genética o malos hábitos?

Por: Adriana Jaramillo V. Endocrinóloga Pediatra de Clínica Las Américas

 

A menudo nos preguntamos qué está pasando en la sociedad que cada vez estamos más obesos, llevamos un ritmo acelerado desde la infancia, restamos importancia al desayuno por el solo hecho de “ser extremadamente temprano para comer”, preferimos empacar en la lonchera de nuestros hijos paquetes de mecato, bebidas azucaradas y cuanta comida procesada encontramos por no tener tiempo para cocinar algo delicioso y nutritivo. Dejamos de empacar frutas y servir ensaladas y verduras en las comidas porque “los niños no se las comen”, tiramos la toalla desde los primeros contactos con los alimentos y simplemente no volvemos a intentar, tal vez con la idea de que cuando sean adultos ya comerán.

 

Cuando nos damos cuenta que nuestros hijos están con sobrepeso u obesidad nos miramos a nosotros mismos y nos tranquilizamos pensando que es herencia, que en la familia “somos gruesitos” o simplemente esperamos a que llegue la pubertad, se estiren y por arte de magia desaparezcan los kilos de más.

 

¿Dónde está el fondo del asunto?, ¿heredamos la obesidad o heredamos los hábitos que nos llevan a ella? La respuesta es ambas cosas. Podemos tener cierta predisposición genética pero si transmitimos con el ejemplo a  nuestros hijos los malos hábitos de alimentación, el sedentarismo, la vida llena de estrés, poco tiempo de ocio y descanso estamos condenándolos a sufrir de obesidad, enfermedad cardiovascular, diabetes o cáncer.

 

¡Es hora de despertar!, ser conscientes de nuestro papel como padres y aun antes de estar embarazados pensar en cómo quiero nutrir a mi hijo desde la gestación, cómo puedo transmitirle salud desde la lactancia materna y un inicio sano de la alimentación complementaria, donde la fruta y la verdura juegan un papel protagónico.

 

Es hora de dar buen ejemplo a nuestros hijos con la práctica regular de actividad física, salir con ellos a caminar, pasear, jugar un partido de fútbol, baloncesto o al menos estimularlos a buscar un deporte que les guste.

 

No sigamos pensando que el tiempo cambiará el estado de salud actual de nuestros hijos, debemos actuar ahora y no cuando sea demasiado tarde. Desayunemos en familia, hagamos de las frutas y verduras un alimento imprescindible, utilicemos productos frescos, de buena procedencia, tengamos una despensa llena de ingredientes para preparar platos saludables y dejemos de un lado los alimentos procesados, busquemos espacios de ocio, esparcimiento y deporte, creemos hábitos y rutinas de descanso y horas de sueño suficientes desde la infancia.

 

No podemos cambiar genes pero sí modificar su expresión al enfrentarlos a un ambiente generador de salud y bienestar.

 

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